“Ninguno puede servir a dos señores (reinos); porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. No pueden servir al reino de Dios y al reino del dinero”. (‘No se puede servir a Dios y a la riqueza’ (Mateo 6,24) (Lc. 16.13)
“No se hagan de tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino, junten tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (Mateo 6-19/21) (Lc. 12.32-34)
Discernimiento: desde la visión espiritual, se entiende por ‘señores’ ‘señor’ y/o ‘reino’ el poder central mandante que, cual ley, fija identidad, pertenencia, sentido y propósito en la persona, la cual vincula su existencia con el gobierno o señorío en el que se reconoce.
El Ser humano ‘sirve’ al reino que mueve su razón de Ser y de Hacer. Los Sentidos y Propósitos entregan al Alma su motivación y aspiración (‘Corazón’) y será este contenido el tipo de ‘riqueza’ que gobernará al Sujeto.

La mundanidad y su motor, el dinero, existen como característica del sistema cainita dominante. Las guerras y separaciones guardan en su seno la ambición de riquezas que aseguren prevalencia forzada que afirme bienestar para un reino, nación o imperio (o individuo dominante).
Cristo insta a ‘estar’ bajo este modelo, pero llama a ‘no pertenecer’ a su engranaje y señorío. (‘Estar en el Mundo, pero no pertenecer a este’) Por lo mismo, no se trata de tener, o no, dinero; el asunto radica en el acto de ‘servir’ a la riqueza, real o aspiracional, porque, al final, será la ‘riqueza’ la que se servirá de uno.
Cuando el ‘señor’ o ‘gobierno’, que rige todo lo demás en el Ser, es la riqueza material con su centro mandante, el dinero… y cuanto de humano hay en el Hombre sea para servir al dinero o para lograrlo (emocionalidad, pensamiento, sentido y propósito)… Entonces es cuando se sirve a un señorío opuesto al Reino de Dios. Bajo este perfil, entendemos que las leyes divinas y espirituales, su moral y virtudes, constituyen un ‘gobierno’ para la persona de Fe, y su cumplimiento vivencial es un asunto de riqueza que debe ser resguardada. A este acto de Coherencia se ha llamado ‘Reino’ en cuanto se asume una pertenencia absoluta a un orden que nos da identidad, Propósito y Sentido. Contrario al mandato divino y espiritual (Cielo), resulta la materialidad y las riquezas movidas por el dinero o el mercado, en cuanto sus leyes, obligaciones y ejercicios amarran al Ser a la mundanidad necesaria, en donde el mismo dios es rebajado a la negociación por adquirir medios materiales, los que, de haberlos, se autentifica lo divino, y de no obtenerlos, se condena a dios por el supuesto abandono. Y tratándose de asuntos materiales y de riquezas basadas en el dinero y lo que concierne, se buscará a dios en las religiones que ofrecen la mejor transacción para mejorar el interés financiero o de buen pasar.
Obtener medios para existir con comodidad y buen resguardo, y ganar el sustento con honestidad, no cabe en el concepto del ‘servir’ o ‘existir para depender’ del dinero. Si no es el dinero o la ambición materialista la que habita en ‘mi corazón’, sino que ‘mi riqueza es espiritual’, entonces el dinero pierde su poder y no constituye un reino en la persona. Y esto es vital: nunca la disyuntiva ha sido si ‘tener’ dinero o vivir en la pobreza, porque tenerlo ‘sería pecado’ y ser pobre ‘sería algo digno ante Dios’. Siempre, como en todo aspecto, el centro radica en el ‘mando’ o ‘gobierno’ (o factor dominante) que establece el orden, sentido y propósito del Ser. Y si el motor moral y espiritual en la persona es la Fe en el esmero del cumplimiento de las leyes que emanan de un Orden Divino (no necesariamente religioso), entonces lo material, el dinero y los haberes serán administrados de acuerdo a criterios y virtudes que definen bajo qué ‘mando’ o ‘gobierno’se ejerce el uso de los Medios Materiales. Es decir, la disyuntiva es si el dinero o las riquezas materiales constituyen ‘mi reino’ o ‘centro de poder’, porque en tal caso el reino al cual se sirve es evidente e indiscutible. Al dios al que se acude desde el reino sustentado en las riquezas materiales (se tengan o se aspire a estas) es al dios de este sistema profano, y no al Dios que no es de este Mundo. (Entiéndase ‘Mundo’ como sistema mundano según modelo cainita).
‘Juntar riquezas en el Cielo’ es la invitación de Lo Cristico para hacernos ricos en Espíritu. ‘Cielo’ representa ‘lo invisible’ ‘lo inasible’ con vida, rol y propósito. El Espíritu es el ‘Cielo’ en el Ser de Fe.

Reunir patrimonio espiritual es un desafío integral para la persona superior: adquirir Virtud como moral; coherencia de fe como modo de vida; práctica espiritual para conocer a Cristo mediante la oración y el discernimiento de su Palabra; entrar en lo más alto del ‘cielo’ a través de la Meditación con el Espíritu Santo, cuyo gran objetivo es alcanzar La Sabiduría que nos permita ser buenos y sabios administradores. Si obtenemos ‘riqueza espiritual’, todo lo demás nos será dado por añadidura. Es cuando no confiamos en esta realidad que se nos ofrece que pecamos de materialistas y colocamos el dinero incluso como medida ante Dios, cuestión que nos hace rebeldes y caídos, porque exigimos a Dios lo material que nos posee como demostración de su ‘sumisión’ a nuestra necesidad.
Es cierto, la apostasía de las religiones, ya desde hace siglos, ha asociado riqueza material y poder mundano con ‘gracia de Dios’. Y abundan las sectas mediáticas que impulsan ‘la fe de la abundancia’ y la falsedad de la ‘retribución del diezmo’, en cuanto la riqueza material es sinónimo de ’amor de Dios’ y el pago de grandes cuotas a la iglesia asegura ‘copiosa retribución’. En parroquias católicas, como en una muy visitada en la ciudad del Cuzco, podemos ver un cartel que dice: ‘LIMOSNA por las Alma del purgatorio’, y expone una caja para echar dinero. Parece que el ‘pago de indulgencias’, que llevó a la crítica y cisma del cristianismo con Lutero, sigue prevaleciendo en muchas vertientes de la cristiandad. (Además de constituir una contribución en dinero por algo inventado, como lo es ‘el purgatorio… residuo de dogmas medievales).
Para aclarar conceptos desde lo espiritual: ‘ser pobres’, ‘la pobreza de espíritu’, ‘los hambrientos’, bajo la enseñanza del Cristo Dios, no hacen referencia a la condición social. Y bien sabemos que es precisamente el ‘Reino del dinero’ el que crea pobreza social, ignorancia y condiciones humanas indignas. La pobreza que vomita el sistema Cainita nunca ha sido ‘voluntad de Dios’ ni es algo que Cristo alabe o incentive. Justamente, ante el dominio del dinero y de los modos materialistas y violentos del cainismo, Cristo nos propone ‘ser pobres’ de aspiraciones y de modelos mundanos, y ‘juntar riqueza espiritual’, definiendo nuestra superioridad por Virtud, Moral y Coherencia de Fe. La ‘espiritualidad que sufre de pobreza’ (o que no es rica en fe, o se halla perdida por creencias religiosas como en el tiempo de Jesús lo estaban los fariseos), requiere de ‘nutrición espiritual’; y es rol de quienes ya han consolidado su centro y reino espiritual ‘dar de comer y de beber’ a esos hambrientos, sedientos y ‘pobres de alma’.Concentrados en La Palabra de Cristo, y solamente en sus declaraciones, y en las enseñanzas de Pablo, concluimos que lo del sistema del Mundo es una falsa ‘riqueza’ que corrompe lo más puro en el Ser Humano. Y desde la riqueza espiritual se puede vivir en la abundancia como si poco tuviésemos y pasar por la merma y dificultad como si mucho poseyésemos.
