El Tiempo de Tribulación es una franja temporal que puede acortarse según el Cambio que el Hombre provoque en su voluntad y propósito. Pudiera superar los cien años con lapsos cíclicos de decadencia y crisis que equivaldrían a una agonía humana, no de voluntad divina, sino efecto de la porfía y rebelión del Hombre. Pudiera durar decenios altamente conflictivos, pero breves si el Hombre entiende que su destrucción no será impedida por Dios, pero su cambio y salvación sí lo será.
Las guerras, las hambrunas, los genocidios, las tiranías, la decadencia y la ignorancia, la lógica de la violencia y de la destrucción, y las necias arbitrariedades que dividen y sesgan a la humanidad y justifican atrocidades en el nombre de dios o de cristo… no son designio de Dios, ni es parte del Plan de Salvación que el Cristo Vivo encabeza.
El Llamado del Cristo Dios es a la Paz, a la igualdad entre hermanos que se reconocen como Hijos Espirituales de un mismo Padre Creador. Cristo insta a renunciar al sistema del Mundo para pertenecer al Orden del reino de los Cielos que Él gobierna.
Cristo ha heredado al Hombre un Plan de Salvación que radica en el Espíritu que todo Ser humano posee por Gracia. Esto significa que cada persona que se desliga de las dependencias mundanas para, por Fe, por Oración y por Meditación alcanzar el Discernimiento que abra a su entendimiento la Verdad de Dios… obtendrá la Visión de Cristo; y por Cristo se obtiene el Poder del Espíritu Santo; y por Cristo se llega al Creador y Origen divino (Padre).
Los Seres de Paz, de Espiritualidad y de Sabiduría tienen la misión de congregar a muchos otros para que también ellos y ellas recorran el Camino Cristico que los liberará y los hará partícipes del Plan en acción y plena vigencia que se nos ofrece como Dispensación descendida de Lo Alto.
Lo terrible de este Tiempo de Tribulación es una prueba de Fe y de Coherencia para el creyente, y por lo mismo este debe elevar su compromiso hasta La Consagración de su Fe.
Esta transición turbulenta y a momentos terrible nos avisa y prepara para dos eventos en cierne: el Hecho de la Segunda Manifestación del Cristo (también conocida como ‘segunda venida’) y el advenimiento del Tiempo del Milenio de Paz.
Siendo Cristo el Elohim Mayor, el Dios de la estirpe Adámica y de los Seres Superiores, Gobernante Celestial con sus Huestes de Ángeles y Arcángeles, y Potestad Cósmica reconocida por los mundos de luz al servicio del Bien… no vendrá como Jesús, sino como en una nube y en portento según la divinidad que ES. Y quienes tengan ojos espirituales verán su Gloria, y los ciegos de espíritu sentirán sus efectos, pero no lo verán, y no entenderán.
Cristo encarnó en Jesús por única vez bajo un gran propósito encomendado por el Creador. Cumplido el Pago por la Caída, y abierto el Nuevo Tiempo bajo condiciones de Rehabilitación por Gracia, Jesús no regresará, pero sí vendrá por segunda vez el Cristo, y esta vez no será en Carne sino en su potestad divina.
Cualquier supuesta ‘reencarnación’ de Jesús, en estos diecinueve siglos transcurridos, han sido un engaño para cazar incautos y desinformados. El vehículo para vincularse con el Cristo Vivo es el Espíritu.
Cristo Dios reconoce a Los Suyos por Espíritu, por Coherencia de Fe y por Pacto cumplido.
El Hombre (varón y mujer por igual) de Virtud, de Coherencia de Fe y de Disciplina Espiritual estará informado de las coyunturas, acontecimientos y de la Hora del Gran Hecho de la Manifestación de Cristo; y si tal persona ha irradiado luz a muchos para que otros también estén consagrados para el Gran Día… tales serán arrebatados primero para gobernar en sabiduría y rectitud durante el Nuevo Tiempo del Milenio de Paz.
Para que La Tribulación no se convierta en un prolongado cadalso, los creyentes deben consagrarse a propósitos de Paz y de Virtud que se opongan al Mal y a la maldad en forma congruente, evidente y manifiesta. Y este empeño sólo será potente y poderoso si el Espíritu en la persona está firmemente arraigado en Cristo Dios.
No es cuestión de religión, ni de pertenencia eclesiástica, ni de filosofía o de postura ideológica. Es un asunto de La Persona que opta en Conciencia por hacerse un agente de Paz para preparar la Gran Manifestación del Cristo Dios. Es una cuestión de transformación espiritual.
El Milenio de Paz es un Tiempo que ya ha sido preparado en forma paralela y secreta por el Cristo y su reino. No es un tiempo lineal medible en los calendarios. Es una CONDICIÓN OBJETIVA que transforma las circunstancias de Vida del Hombre y armoniza las leyes de la naturaleza y del cosmos con la nueva capacidad humana.
El Milenio de Paz une al Hombre con el Orden milenario que trabaja para los planes de Creación. Las divisiones inventadas e incentivadas por el Cainismo desaparecen, y habrá paz no solamente porque no habrá guerras entre hermanos, sino porque la Paz es imprescindible para la preparación de las luchas que vendrán, y que serán siderales, cósmicas y nucleares, de un tipo que hoy no estamos en grado de comprender o de saber.
Porque el Mal estará ausente por el Milenio, y eso favorecerá un orden planetario superior bajo un gobierno de sabiduría que unificará a la humanidad. Pero el Mal y sus mundos y legiones no descansan, y durante el Milenio sabremos los Nuevos Hombres de qué en verdad se trata luchar en contra de un enemigo poderoso.
En los estertores del Tiempo del Milenio de Paz entrará el Tiempo de Los Últimos Días. Las condiciones del Juicio Global o Universal, de la Gran Batalla, y hechos avisados como de la Era Final sucederán una vez agotado el Tiempo del Milenio.
El orden en este itinerario ha sido tergiversado y mezclado en forma antojadiza y a veces bajo fiebre de fanatismo apocalíptico inmediato y de carácter súbito. Y este asunto no es menor ni aspecto secundario, porque en base a tales visiones se han alzado religiones y se ha mantenido a generaciones enteras bajo el pavor del fin de los tiempos, como si todo estuviese a la vuelta de la esquina. Esta maniobra de la información ha servido para ocultar la realidad que lo divino considera para el Hombre, ocasionando un permanente malentendido entre aquello que el Cielo anuncia y declara y lo otro que el Hombre comprende e interpreta.
Para que el Ser humano pueda colocarse bajo el Orden de Dios es fundamental que el Hombre en su empeño espiritual ascienda hasta la Visión de Cristo. Y la confusión sobre doctrinas de ‘finales del tiempo’, apocalípticas y mesiánicas que nunca cuajan con los hechos históricos y tangibles, y parecen no corresponder a la realidad espiritual del Hombre, se debe a que no hay en la persona la voluntad y la disciplina para indagar, investigar y discernir lo espiritual, lo de Cristo y los evangelios, y las revelaciones, según estado espiritual logrado después de haber renunciado a la dependencia de cualquier reinado profano que provoque caídas en algún tipo de idolatría.

Sin embargo, las leyes y la vida cósmica, celestial y divina no consideran al Hombre como gestor de la macro realidad, sino que aún lo suponen responsable de su micro residencia temporal, y es allí en donde deben probarse en Humildad, Sabiduría y Superioridad espiritual.
Justamente, el Hecho de Cristo es lo que permite al Ser humano hacerse parte integrante de La Vida que supera a la existencia conocida. De ahí su importancia y trascendencia. Porque el Hombre de por sí no pertenece aún al Orden Superior, y por espiritualidad y vinculación coherente con Cristo sí accede a un ordenamiento que NO es de este Mundo (sistema). Este aspecto es definitivo en su profundidad y verdad.
No puede haber un ‘término de tiempo’ sin que se cumpla el Plan de Cristo para la Salvación del mayor número de Seres humanos posibles. En tal sentido, el Tiempo de Tribulación que hoy transitamos es también una oportunidad: ya sin tapujos ni mantos de hipocresía, la verdad del sistema mundano se muestra en su violencia, decadencia y vulgaridad (en el sentido de carencia de sabiduría, incluso denostando a la inteligencia media del Hombre), comprobando el desmoronamiento de las instituciones religiosas como entes políticos que han sido, con la exacerbación del fundamentalismo y la ‘guerra santa’ (¡¡!!) … la realidad nos coloca ante una Toma de Decisión que ya no encuentra respuesta en el mismo tipo de mundo que se está cayendo. Ante esto, los de poca fe quedan buscando la luz entre tinieblas, y es necesario que obtengan la propia lámpara para ponderar sus pasos. Y los amantes del sistema mundano caerán en la desesperación al comprobar que la mentira reina en el afán destructivo del Cainismo imperante; y pretendiendo resguardar la esperanza de que el Mundo no es tan malo como se muestra, acuden a dios, a una divinidad muy individual, para que desde el misterio aparezca un despertar que les diga que aquello que está aconteciendo no es más que una lúgubre pesadilla.
Estamos en los inicios de la Tribulación. Podemos hacer que termine pronto y no llegue a sus peores manifestaciones. Pero todo indica que el Ser humano necesita llegar al abismo para apreciar la altura que pudiera alcanzar sin hundirse en el fango de los tiempos.
Cristo vendrá como divinidad que ES, y eso acontecerá independientemente de si el Hombre atina en sus opciones y decisiones o se autodestruye brutal y bestialmente. Es un Plan precisamente porque posee Tiempos, Condiciones, Propósitos y Metas. Y es parte del Plan el Tiempo que ya pasó, el Tiempo que evidenciamos, el Tiempo que vendrá y el Tiempo Final que definirá el asunto irresuelto desde la primera rebelión de los adanes.
La Ley de Dios es irrefutable, invariable y absoluta. Somos nosotros, seres en grado de elevarnos por Espíritu hasta Lo Superior que se nos ofrece, quienes tenemos el deber de ubicarnos en nuestra temporalidad, mortalidad y sistema auto destructivo, para, precisamente, liberarnos de la existencia y de los ciclos de muerte para, por fin, integrarnos a la inmortalidad de los Seres Adámicos que sirven al Reino y sus ejércitos.
Siempre se ha tratado de Trascendencia, de Vida y de divinidad. Nunca ha sido para vanas glorias temporales, mundanas o Carnales.

