La incertidumbre y el miedo suelen provocar actos irracionales en un sistema mundano en crisis; el tipo de violencia que se ejerce deriva del porcentaje o nivel de poder que se posee o se pretende obtener. Sin propósito de poder no hay violencia. Las guerras representan grandes conflictos de poder que enfrentan potentes intereses económicos y geopolíticos. La arremetida de las mafias y delincuencia organizada es consecuencia de una lucha por el mercado ilícito y el control territorial para asentar sus bases productivas (extorsión, narcotráfico, talleres y laboratorios, etc.) y para asegurar mano de obra calificada a su servicio (sicariato, soldados, capitanes, etc.). Tanto en la guerra ‘entre naciones’ (en realidad usando a las naciones), como en la violencia delincuencial de alto nivel, es el Poder y el Control los objetivos estratégicos sobre los cuales luego arman sus estructuras, tentáculos e influencias. Es decir, sin Poder o sin Control no hay ganancia ni expansión. Tal condición requiere, siempre, de un elemento sustancial para su afirmación: el dinero.
Desde esta matriz global desciende la violencia de los subalternos: el portonazo, el lanzazo, el asalto por pequeños bienes, el robo, la extorsión capilar, la estafa, el fraude… todo cuanto representa recoger las migajas de la mesa de los capos y potenciados del Mal. Experimentan con el poder y el control en pequeña escala, así como sus ganancias también suelen ser comparativamente inferior a la de sus cúpulas y mandamases. Allí donde el Estado y los gobiernos han olvidado promover el progreso, el bienestar, el trabajo, la organización comunitaria, el deporte, la educación, la salud y la seguridad… y franjas hacinadas de seres humanos son literalmente olvidados y abandonados por la clase política… se fomenta el surgimiento del poder y el control de las estructuras delictivas. La violencia es la norma para asentar poder y generar profito.
La gente común sufre la violencia, y en no pocos se despierta la ‘lógica del más fuerte’ que debe ‘defenderse’ de la agresión, real o imaginaria, de los demás. Surge así ‘la sensación de inseguridad’, que es un factor ilusorio, pero profundamente sentido por el ciudadano de a pie. Por otra parte, este estado de cosas traspasa los andamiajes institucionales, haciendo crecer la corrupción como efecto ‘natural’ del caos y desorden que provoca este tiempo de crisis, el cual, erróneamente, transmite al oportunista que, entre baches y desbarajustes, sí se puede ‘morder’ tajadas del pastel para propio bolsillo. Para sostener a la red de corrupción es necesaria la amenaza, la extorsión, la complicidad obligada y los pactos bajo intimidación de desprestigio público… o de muerte.

Las preguntas que debemos tratar de dilucidar serían entonces: ¿Es el ‘Tiempo de Tribulación’ la causa de la violencia y sus derivados? ¿Es el Hombre, el Ser humano, el causante del ‘Tiempo de Tribulación’? ¿Es el ‘Tiempo de Tribulación’ un dato objetivo de los ciclos de este mundo, y del Hombre? ¿Ha sido el Hombre el Ser violento de siempre que en ‘Tiempos de Tribulación’ ha quedado al desnudo y sin caretas?
Para responder debemos obtener Mirada Histórica. Comprobamos que guerras y violencia, como corrupción y abusos de poder, han existido desde que tenemos registros históricos. Incluso verificamos épocas de oscurantismo en donde la muerte y la persecución fue elevada a condiciones sagradas o de purificación. Genocidios hubo en el pasado remoto y reciente, y lo hubo en Ruanda como lo hay hoy en Gaza. Reinados supuestamente ‘elegidos’ por Dios esclavizaron y flagelaron a seres humanos cuyo ‘pecado’ era ‘no ser cristianos’. Asimismo, pudimos comprobar y ver a muchos inocentes sufriendo tortura y decapitación en manos de fanáticos por no ser musulmanes. Tenemos en la memoria y en los registros audio visivos a las dos grandes guerras surgidas en Europa, pero antes sucedieron decenas de otras confrontaciones en el mismo teatro geográfico, cuyos campos fueron regados por sangre de soldadesca campesina mandada a la guerra por los señores. Y seguimos recordando cada año el efecto atroz de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Al igual que no podemos dejar de espantarnos por la crueldad monstruosa del Holocausto nazi, y, por lo mismo, se nos hace inconcebible que las víctimas de esa atrocidad hoy ejecuten la mayor matanza que registra la historia en el siglo veintiuno. ¿No habla la historia y los datos duros de la calidad humana cuando el Hombre mundano debe imponer Poder y Control?
Si cada época es vista, analizada, concebida y circunscrita a sus efectos inmediatos, como si aquello que sucede en la generación que nos toca existir es ‘toda la verdad y realidad de la humanidad’, caeremos en conclusiones subjetivas, irreales, mentirosas y parciales. Por lo mismo es importante comprender que este ‘Tiempo de Tribulación’ no es un ciclo generado por el Hombre, sino que corresponde a etapas definidas por el motor central de la Creación… algo así como parte del programa que ha planificado lo temporal para que este mundo cumpla con propósitos superiores.
Los Crísticos nos sujetamos a los Tiempos que el Cristo define, a saber: antes de los Hechos de Cristo el Tiempo era ‘el de la Caída’, cuya Ley de Vida y condiciones humanas eran inferiores y sujetas a fuerzas oscuras que dominaban la existencia, la muerte y el periplo de los abismos, haciendo del Hombre un esclavo perenne bajo dominios infernales. De acuerdo con esto, la violencia, las guerras, las matanzas, los genocidios y los sistemas de esclavitud eran una norma natural del Tiempo y de sus gobernantes tenebrosos, cuyas religiones eran sustancialmente intramundanas y bajo mandato de los Demiurgos y Arcontes. En este cuadro, los Seres Buenos y leales al Dios del Bien, tenían una vida de persecución, clandestinidad y de secretos; y al morir entraban en el ‘sueño de la espera’… aguardando ser despertados por el Dios Salvador con el fin de ocupar su lugar en el reinado celestial. De acuerdo con este contexto, entendemos que los Cainitas eran castas dominantes que, usufructuando de las connotaciones y formas conocidas de Dios, se autoproclamaron hijos de ese dios y únicos llamados a ejercer poder y control sobre todo otro Ser humano. La violencia y la guerra eran, por ende, los instrumentos lógicos para ganar y obtener tales metas.
Con los Hechos de Cristo se clausura el ‘Tiempo de La Caída’ y sus condiciones (leyes), y entramos en ‘El Tiempo de la Rehabilitación’, también llamado ‘Tiempo de La Gracia’, cuyo objetivo primordial es que el Hombre (varón y mujer por igual) se reconozcan como seres con potencialidad espiritual y en grado de unirse a su Salvador para así lograr la Gran Transformación: de Ser Carnal a Ser Espiritual.
La arremetida de los derrotados, provenientes del viejo tiempo, no consistió en oponerse claramente a las nuevas buenas del Cristo, sino que, haciendo uso del arte de mentir para que algo quede como verdad, proclamaron las condiciones del Tiempo Nuevo para, desde adentro, tergiversar, manipular, apostatar y denigrar sus contenidos y propósitos. Así, la misma violencia y la acostumbrada guerra se reimpuso arrasando la idea y proyecto de Paz Crística, alzando y promoviendo la ‘guerra santa’, en el mismo nombre del cristo o de Jesús, para seguir gobernando como en el Tiempo de la Caída lo hacían.

Esto significa que: las guerras y la suma violencia en el Tiempo de la Caída correspondía a la lógica de los poderes tenebrosos y Cainitas que dominaban a este mundo, por lo mismo, cumplían con su naturaleza malvada y luciferina. Es decir: era la generación del Pecado. Sin embargo, empero, si la misma fórmula de violencia y confrontación se impone en el Nuevo Tiempo de Rehabilitación y de Gracia resulta convertirse en un acto de evidente rebelión en contra de la Ley de Vida y de la Voluntad divina… es el Anticristo actuando para desbaratar y derrocar al Plan de Salvación y de Redención del Hombre, que Cristo concedió por Gracia a todo Ser humano.
El Tiempo del Pecado fue abolido por los Hechos de Cristo. Y el Pecado fue reimpuesto por el Cainismo en el nombre de Jesús o del cristo.
¿Quiere decir esto que el Tiempo de Rehabilitación y Redención fracasó? No. No, el Tiempo o Franja de Salvación no falló, sino que el Hombre caído en apostasía y rebelión (violencia y guerra) es quién ha caído nuevamente. Y esta claridad nos lleva a una respuesta y solución: para hacernos Seres de Paz debemos reconocernos en el Tiempo de Rehabilitación y Hacernos a la Gracia para comprometer nuestra existencia con el Plan del Cristo Vivo. Ese acto de Fe nos obliga a rechazar de plano toda violencia y cualquier tipo de guerra. Y tal Acto de Fe es personal, en cuanto no depende de religiones o de institucionalidad eclesiástica, sino que debe convertirse en un acto de conciencia, de investigación, de nutrición doctrinaria y de cambios reales en actitud, forma de ser y modo de concebir al mundo y su realidad.
La Tribulación en la que estamos es esencialmente un derrumbe de la mentira cainita y de sus sistemas de poder, control, guerras y violencia. Que de este Tiempo salgamos bajo una mutación noble, de sabiduría y de alturas… o nos hundamos en la Ira, la soberbia, el exterminio y la negación acérrima de lo espiritual… dependerá de nuestras decisiones y opciones. Y tales elecciones comienzan en Uno Mismo, y luego en la labor con otros de igual espiritualidad, hasta lograr que los núcleos de Bien y de Virtud estén fuertemente comprometidos con el Cristo Dios y sean, de este modo, los núcleos futuros sobre los cuales se alzará el ‘Tiempo del Milenio de Paz’.
