Tiempos de cambios: cuando la era anterior se agota y ya no entrega respuestas, y Lo Nuevo aún no se esclarece y todavía sus propuestas no resultan evidentes para las personas.
Tiempos de transición que ponen a prueba la fortaleza del Ser Humano, y en especial miden con hechos si el Hombre ha logrado Sabiduría o sigue inserto en la mediocridad y lo baladí.
Lapso delicado en que la maldad expande su dominio y ya no usa tapujos ni disfraz. A las antípodas debiera alzarse el Bien y la fuerza de la Virtud como oposición a las tinieblas de la violencia y la hipocresía.
La Tribulación deja al desnudo al sistema mundano, cuyas estructuras, por siglos, se presentaron como imprescindibles, pulcras, superiores y brindadoras de seguridad. La política, la religión, el sistema de la economía, el mercado, las ideologías, los estamentos militares y de seguridad, la educación, la familia… fueron por años la nomenclatura institucional sobre la cual el ciudadano de a pie construía su perspectiva, sus proyectos y sus esperanzas. Es lo que han llamado ‘civilización occidental’ asociada a la matriz ‘judío-cristiana’. ¿Fue (es) verdad aquello? ¿Acaso ‘otras civilizaciones humanas’ contemporáneas carecían de valores similares?
La mirada que divide al Humano en castas, razas, naciones, civilizaciones representa a la visión Cainita. Desde los inicios de los tiempos, la separación del Ser Humano para construir imperios y dominios de supuestos pueblos elegidos por sobre de la muchedumbre hirsuta y esclava, o menor en valor y categoría social, ha servido a los demonios y a sus servidores para instalar la violencia como elemento natural, la ley del más fuerte como condición humana y la guerra como necesidad de recomposición del poder.

Lo contrario a esta realidad profana es aquella que asume al Ser Humano como único y hermanado por creación de un mismo Dios. Compuesto, por lo mismo, de Mente Natural en grado de discernir, memorizar, analizar y comprender incluso aquello que no se ve o aún no se manifiesta, y de un Alma cuyos Sentidos y Emocionalidad lo convierten en un Ser que traspasa a la materia para percibirla en su vibración y vida sutil, y, en especial, agraciado por un Espíritu que es chispa del mismísimo Creador, cuyo despertar en el Hombre lo puede transformar en un tipo de divinidad. Tal es su excepcionalidad y particularidad. No es social, ni racial, ni cultural, menos de castas o de religión. Todo Ser Humano contiene el mismo principio de creación y posee igual propósito de trascendencia.
La Revolución del Cristo en el Hombre (varón y mujer por igual) consiste, precisamente, en esta igualdad de condiciones y de perspectiva. Pues, antes del Cristo en Jesús, los habitantes humanos de esta tierra provenían de diferentes estirpes y se hallaban bajo una ley de vida inferior y sin eternidad asegurada. Con Cristo y los Hechos Cristicos de Salvación, el Hombre rompe sus diferencias de origen y se unifica como una hermandad reconocida por la divinidad en su calidad de potenciales Seres Superiores.
La Paz de Cristo es la espada que separa al Tiempo de la Caída y del Pecado, del Nuevo Tiempo de Rehabilitación y Salvación. Sin reconocimiento de esta diferencia temporal, no estamos hablando del mismo cristo; sin reconocimiento de que la composición fundamental y sustancial del Hombre es igual en todo Ser Humano nacido de hombre y mujer, no estamos tratando del verdadero cambio promovido y llevado a buen término por el Cristo Dios; sin la hermandad en La Gracia y en el Camino del Espíritu (Fe) con fines de Virtud, de santidad y de divinidad… logradas en trascendencia de esta existencia y una vez obtenida La Vida que bendice el Creador… no estamos rehaciéndonos al Cristo de la Resurrección y la Vida.
La Gran Mentira divide al Hombre, lo convierte en enemigo entre sí, incentiva la guerra y la violencia, justifica genocidios, matanzas y abusos criminales en contra de la infancia, y eleva burdas teorías para esclavizar de algún modo a la mujer. Participar de esta lógica es pertenecer al Cainismo servidor de los planes tenebrosos. Y no solo justificar tales aberraciones… sino que elevarlas a prácticas religiosas y teorías civilizatorias… es luciferino.

Colocar a cristo en actos y en posturas de violencia, guerra, discriminación arbitraria, bajo teorías de razas superiores… mientras se arman ejércitos y montoneras para la agresión y el derramamiento de sangre… incluso inocente… es demoniaco. Y si alguien aún no logra distinguir al Anticristo en sus manifestaciones y realidad, basta con apartarse para Observar y notar con evidencias que, en la maldad, la violencia, las armas, la agresión, la teoría del elegido que tiene licencia para someter, esclavizar y matar… en el nombre de cristo, bajo el nombre de Jesús… o supuestamente habiendo sido ungidos para estos nefastos objetivos por dios mismo… ¡Ahí se nos muestra al ejército del Anticristo!
Cristo es Dios de Paz, de Salvación para postular a La Vida y superar a esta existencia.
La Fuerza que usa el Ser Cristico proviene de su Disciplina Espiritual, de su Coherencia de Fe, de su mirada trascendente, de su comprensión y asunción de La Gracia y de la construcción humana superior mediante las Virtudes hechas Persona. Y este Templo que Cristo restauró en los Tres días de su Victoria, es aquel que ahora nosotros debemos aceptar, asumir y hacer nuestro en congruencia y verdad.
Nunca se ha tratado de civilizaciones, ni de razas, ni de naciones. Desde Cristo el Gran Tema es el Hombre. El valor de UN Ser Humano se decide en su espiritualidad y en su coherencia y verdad de Fe. El enorme valor de Tres o Más Seres Espirituales sembrando luz entre los Hombres para que muchos encuentren en Si Mismos la Gran Razón de La Vida… es la hermandad que Cristo conoce como ‘hacedores de Paz’. La Comunidad de la Fe en Virtud y Espiritualidad es el Hombre Nuevo al que Cristo postula para llevarlos a la Nueva Tierra que dejará atrás al Mundo del Cainismo y su afán divisionista, malévolo y falaz.

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