“…porque habrá entonces gran tribulación, cual no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados…” Mateo 24:21-24
“Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, así como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa es dejada desierta, porque digo que desde ahora no me veréis más hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Mateo 23:37-39
«Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el Mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al Mundo» Juan 16:33
“Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. APOCALIPSIS 7:14
Desde las profecías de Daniel y Exequiel, pasando por el libro de las revelaciones (Apocalipsis) y en pasajes vitales de los evangelios, incluyendo trozos de cartas de Pablo, se menciona un lapso de gran tribulación para el mundo y en especial para quienes profesan su Fe en Cristo.
A las interpretaciones grandilocuentes de los evangelistas de los siglos dieciocho, diecinueve e inicio del siglo veinte, que incluso calcularon el fin del mundo en fechas en las que nada aconteció, hasta la reinterpretación católica que reduce toda tribulación a un asunto personal de fe y siempre relacionado con su iglesia, debemos agregar una no menor confusión sobre los Tiempos y Condiciones, los cuales se han enredado e interpuesto, haciendo del orden de Ciclos anunciados una madeja de eventos que sucederían casi al unísono y sin fases que podamos distinguir o diferenciar.
Partamos por aclarar un concepto: el Mundo. Esta idea es lo contrario al ‘Orden del Cielo’, entendiendo ‘Cielo’ no como firmamento, sino como una realidad que el Hombre no puede ver desde la carnalidad y sí puede verificar y comprender desde la espiritualidad. El Mundo es el sistema que el Hombre se ha dado en contra de la voluntad de su Creador. Lo identificamos como ‘sistema Cainita’. Lo Mundano es Lo Profano y se liga a la idolatría, en cuanto aquello que amarra al Ser humano con falsas dependencias se convierte en su centro de dependencia, en un reino material (dinero, por ejemplo) que aleja al Hombre de su espiritualidad y de su Dios de Bien. Es decir, no se trata de ‘cosas’ o de ‘haberes’, sino de apegos que determinan gobierno y reinado… sea en el sujeto como en el tipo de sociedad que se construye.

En tal sentido es que Cristo dice que Él vence al Mundo, y les avisa a sus discípulos que Él los ha sacado del Mundo y ya no pertenecen a este. Bajo esta mirada espiritual entendemos que lo divino habla desde Lo Superior y no desde aquello que entendemos estando inmersos en la materia, el consumo, las dependencias, los deseos, las necesidades y la realidad mundana y Carnal. Quiere decir que para discernir lo celestial o superior debemos lograr un estado espiritual promovido y sostenido por la Coherencia de Fe y en la Virtud.
El ‘fin del Mundo’ nunca ha significado el fin del planeta, sino el finiquito de un sistema mundano (el Mundo) que se opone a los planes del Cielo. Eso explica por qué en Apocalipsis y otras profecías siempre los efectos de la Gran Tribulación afectan y dependen del Hombre; incluso eventos como maremotos, guerras, pestes, sucesos cósmico suelen mostrarse como avisos para que el Ser humano comprenda que su tiempo ha mutado y debe tomar decisiones de Cambios radicales y profundos.
El siguiente factor es imprescindible: si seguimos embarcados en la idea de Jesús como Ser humano especial, excepcional, que se hizo hijo de Dios por expiación, y que por tal sacrificio pagó por los pecados del Mundo… pero, sin embargo, el Hombre sigue naciendo en pecado y es esta mácula un signo impertérrito cuyo castigo es la muerte, y en la inexorable mortalidad debemos entrar en estados de espera o en purgatorios para ser enjuiciados en los Últimos Días, cuando el Juicio Final levante muertos de sus huesos y los contrarios a Dios sean entregados a los infiernos… entonces, según esta doctrina, no hubo cambio alguno con los Hechos de Cristo y la vieja Ley de la Caída siguió su vigencia hasta hoy, y ya no nos queda más que esperar los Últimos Días de ‘la gran batalla’ que definirá nuestro destino como estirpe.
La Visión Cristica no surge de una invención o de un intento por doblar las escrituras para favorecer un proyecto religioso. Se atiene al orden escrito y develado y discierne con Espíritu y espiritualidad para alcanzar sabiduría. No de otro modo se puede compenetrar lo sagrado y superior.
Cristo es el Verbo del Creador, Uno y Copartícipe en la creación (primera de Juan). Según el Apocalipsis es el Rey de reyes y el Señor que gobierna a los Ancianos de los Días, también llamados ‘Elohim’. En los evangelios buscamos los dichos y afirmaciones de Jesús sobre Sí Mismo y hallamos múltiples conceptos de su divinidad. Por lo mismo, es el Cristo antes de Jesús, lo fue EN Jesús, y lo es después de Jesús. Entonces comprendemos la consistencia y propósito de La Salvación y podemos asumir en nosotros el Plan de Redención mediante la Herencia o Nueva Ley que el Cristo divino nos deja para vencer al Mundo y prepararnos para hacernos habitantes del reino de los Cielos.
Dos visiones, por lo tanto, que nos conducen a enfoques contrapuestos en cuanto a la medición y condiciones de los Tiempos señalados.
Si hemos entrado en el ‘Tiempo de la Gran Tribulación’ anunciada, es porque el Tiempo anterior se ha agotado, y otro Tiempo está en cierne. Es decir, la Tribulación no puede ser prolongada, y acortar el estremecimiento depende del Hombre. Podemos decir entonces que La Tribulación es un Lapso de Transición peligrosa y definitoria.
Si asumimos que los Hechos de Salvación… que van desde la concepción divina de María, la encarnación del Cristo en Jesús, pasando por el Pago y los Tres Días de Victoria y La Resurrección, y culminando con la manifestación del Espíritu Santo (Pentecostés)… inauguran el ‘Tiempo de Rehabilitación’ o ‘Tiempo de La Gracia’, entonces, al entrar en el Tiempo de Tribulación actual, es señal de que los lustros anteriores agotaron su cadencia y consistencia, y esto es fundamental entenderlo y ponderarlo en su peso y medida.
Al igual que la apostasía anterior, negó el Cambio de Época y de Tiempo entre La Caída y La Salvación, y aun rehaciéndose a Jesús, proclamaron por siglos las circunstancias atinentes a las leyes del Tiempo de La Caída, refutando con aquello la validez del Cambio radical provocado y heredado por el Cristo a los Hombres… Así, hoy, las religiones insisten en que basta aunarse bajo los aleros de una fe relativa e imprecisa, resguardada por la curia y el pastoreo, para estar Salvos por misericordia de Dios.
Por diecinueve siglos el Hombre ha transitado bajo el Tiempo de la Rehabilitación y La Gracia. Si la medida del Tiempo la define el Hombre y su comportamiento, sus acciones y el tipo de Mundo que construye, entonces debemos decir que dicho Tiempo ha fracasado. Pero si la medición es espiritual, tomando parte de la visión de Cristo, debemos asegurar que el Tiempo ha cumplido con su Gracia y Misericordia, y quienes en Coherencia de Fe y Virtud han hallado el camino, han entrado bajo el Orden Superior, y se han beneficiado de la Ley de Resurrección y seguramente se hallarán Vivos en la Casa de su Señor. Sin embargo, el Hombre, como sociedad, no aceptó las condiciones de este Tiempo de Gracia y usó a Jesús según sus intereses y deseos, alzó iglesias varias y múltiples que no liberaron al Hombre, sino que lo ataron a un yunque que pretendió parecer necesario e imprescindible. Nuevamente, la apostasía no negó a Cristo, sino que lo tergiversó, manipuló, deformó y falsificó, y lo hizo en el nombre de Jesús, y barajó los Tiempos a su antojo para causar temor, miedo y dependencia en la feligresía. Por lo mismo, no es el Tiempo designado por Plan de Dios lo que se frustró, sino la obra del Hombre mundano que alzó religiones para ejercer su propio Poder y Control, en modo de participar en la construcción del Mundo que el Cielo promete destruir.
Este Tiempo de Tribulación muestra los avisos ya escritos, pero el sistema del Mundo pretende ocultar la realidad que anuncia su decadencia y culminación. Eventos del Cosmos irán en aumento, hasta quebrar la razón artificial del Hombre profano. La naturaleza seguirá demostrando su viva cólera con el sistema que viola sus leyes y menosprecia su rol vital. El Orden del Cielo ha hecho descender una Dispensación para preparar a una generación de Rectitud que, con su ejemplo, anuncie al Nuevo Hombre, el cual, estando en este mundo (Tierra), no pertenece al Mundo (sistema).
Se podrá creer o no, aceptar o menos… pero demostrado está que las leyes del cosmos, de la naturaleza y de Dios van por carriles propios e inexorables, y sepan los Hombres adaptarse a estas o la nieguen, no cambiará nada que no haya sido designado por el Plan de Creación.


